
Años noventa: el sueño revolucionario de la isla se ha transformado en desilusión. Elisa arrastra, como tantos otros, el estigma de la marginación y la desesperanza. Atrapada en su vida gris, un acontecimiento decisivo marcará un punto de inflexión. Mientras trabaja en la morgue de un hospital, descubre los cuerpos mutilados de varias mujeres condenadas al olvido. La indignación y una inquietante identificación con las víctimas la despiertan de su letargo —en un paralelismo con Epiménides— y la conducen a un submundo donde la supervivencia se rige por juegos de poder.
En su camino aparece Elí, un hombre devastado por la guerra que, destrozado por la culpa, ha rechazado el amor y la posibilidad de redención. Ambos protagonistas avanzan como mineros que descienden en las profundidades hacia una pregunta inevitable: ¿Es posible desenterrar y arrancar los tatuajes emocionales que se inscriben desde temprano en el pasado y en la infancia?