loading

Entrevista a Santiago Tejedor – Catedrático Periodismo UAB

25/08/2026 10:37

"El gran reto educativo no es enseñar a usar la inteligencia artificial, sino conseguir que nuestros estudiantes sigan pensando sin ella"

Entrevista realizada por Lluís Claret

Santiago Tejedor es catedrático de Periodismo de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), periodista, investigador y director del Gabinete de Comunicación y Educación. Su trayectoria combina docencia, investigación, divulgación y proyectos educativos desarrollados dentro y fuera del aula. Especializado en alfabetización mediática, comunicación, periodismo, inteligencia artificial y nuevas narrativas, defiende una educación basada en el pensamiento crítico, la curiosidad, la creatividad y los valores. Su concepción de la enseñanza apuesta por conectar el conocimiento académico con los grandes desafíos de la sociedad y por convertir experiencias como el viaje, la lectura, el encuentro con otras culturas o la creación de contenidos en oportunidades de aprendizaje. En 2026, la Universitat Autònoma de Barcelona reconoció su trayectoria y compromiso con la enseñanza en el marco de sus Premios a la Excelencia Docente.

¿Qué desafíos afronta el nuevo panorama educativo?

Vivimos una transformación extraordinaria. Y este cambio impacta en el escenario educativo. Es decir, en las formas y en las posibilidades para enseñar y para aprender. Nunca habíamos tenido acceso a tanta información, tantas herramientas y tantas posibilidades para aprender. Sin embargo, hoy día que el acceso es tan fácil, rápido y voluminoso, ¿es más fácil comprender qué pasa y qué nos pasa? Creo que no. Tener acceso a todo no significa comprenderlo todo. Incluso los datos nos advierten de dinámicas justamente inversas. La sobreabundancia de imputs, de contenidos e impactos de pantallas nos alerta de muchos problemas y desafíos. A ello se une la inteligencia artificial, que puede redactar un texto, resumir un libro, resolver un ejercicio o proponer una respuesta en segundos. ¿Significa esto aprender más o mejor? La descarga cognitiva nos advierte del peligro de pensar que el dato es el conocimiento.

La educación tiene que desplazarse progresivamente de la respuesta hacia la pregunta. Siempre, pero especialmente, hoy día, el sistema educativo debería de articularse alrededor del arte de aprender a formular buenas preguntas. Esto es: aprender a preguntar y a preguntarse. Necesitamos enseñar a desconfiar, contrastar, interpretar, relacionar ideas y construir criterio propio. Me preocupa una educación que prepare excelentes usuarios de herramientas, pero ciudadanos poco capaces de pensar por sí mismos. La tecnología debe aumentar nuestras capacidades, no sustituirlas.

¿Por qué es importante potenciar la lectura?

Leer es un ejercicio de exploración, de búsqueda y de crecimiento. Siempre digo que hemos de aprender y, al mismo tiempo, desaprender. La lectura es un gran instrumento para ambos fines. Leer es mucho más que descodificar palabras. Leer significa detenerse, imaginar, relacionar, interpretar y ponerse durante un tiempo en la mirada de otro. En una sociedad dominada por la velocidad, las pantallas y los contenidos breves, la lectura nos devuelve algo fundamental: la atención. El desafío del panorama educativo y social actual es conquistar la atención y, por ende, el tiempo. Añadiría algo más: la empatía.

Un estudiante que lee dispone de más palabras para explicar el mundo y para explicarse a sí mismo. Esto lo convierte en un mejor profesional y en un mejor ciudadano. Leer textos, películas, músicas… Leer como una manera de dar sentido o de cuestionarlo. Considero que defender la lectura es también defender el pensamiento crítico. La gente habla como piensa y piensa como lee. Cuanto más sofisticadas sean las máquinas que nos rodean, más necesitaremos fortalecer aquellas capacidades que nos permiten comprender, imaginar y cuestionar. La lectura es un territorio innegociable en el sistema educativo actual y futuro.

¿Cómo lograrlo?

El primer error que quizás hemos cometido ha sido el de presentar la lectura únicamente como una obligación académica. La lectura ha de ser una aventura estimulante. Por ello, hay que recuperar el deseo de leer. ¿Cómo alcanzar ese hito? Debemos conectar libros, historias y autores con las preguntas que preocupan a los estudiantes. Hemos de acercarnos a su mundo de intereses, anhelos, sueños y temores. Tenemos que invitarles a leer historias que les interpelen. Quizás no se trata de que no quieran leer sino de que no quieren leer aquello que nosotros les proponemos en el aula. Le lectura abre numerosas y ricas oportunidades pedagógicas. Por ejemplo, podemos relacionar una novela con un viaje, una noticia, una película, un pódcast, una conversación o un problema contemporáneo. El sistema educativo habla mucho de aprender haciendo. Creo que es insuficiente. Necesitamos una aprender haciendo y viviendo. La lectura puede ser una vía para conectar con su mundo y, también, para invitarles a explorar realidades, épocas o personas que no sabían que existían.

Calvino nos advirtió de la importancia de leer a los clásicos. Opino que este tipo de temáticas sí pueden agradar a un público joven. La clave no es el qué ni tampoco el cómo. La alquimia perfecta es fusionar el qué con el cómo. Las opciones son muchas. Entre ellas, podemos reivindicar la lectura compartida. De este modo, el docente y el alumnado puede recomendarse libros, dialogar sobre ellos, discutirlos, imaginar otras formas de haberlos construidos. Y, como siempre ponemos el foco en el alumno, me permito virar la mirada hacia este asunto: el docente debe leer. Será difícil o casi imposible contagiar curiosidad por los libros si nuestros alumnos nunca nos ven hablar con entusiasmo de aquello que hemos leído. La educación tiene mucho de contagio. El docente es un espejo. Y no podemos dejar que se miren en espejos rotos. Nos toca y es un gran desafío convertirnos en referentes también de libros y lecturas.

En un mundo donde todos pueden ser emisores, ¿qué rol juega la autoría y cómo trabajarla desde el sistema educativo?

La autoría es uno de los grandes asuntos de nuestro tiempo. Antaño ser autor era un gran desafío y una gran responsabilidad. Hoy día, en una plataforma social, cualquier puede ser emisor de contenido. ¿Es lo mismo qué ser autor? ¿Qué significa ser autor? Hemos enseñado a buscar información. Ahora también tenemos que enseñar a indagar sobre la persona que la ha generado. Quién es, con qué intención la elaboró, con qué fuentes construyó su trabajo… La inteligencia artificial añade una nueva dificultad. En la actualidad, la generación de contenidos se ha convertido en una acción fácil y rápida.

Ante esta coyuntura, es clave la recuperación de conceptos que quizá parecían “añejos”: firma, fuente, atribución, propiedad intelectual, honestidad y responsabilidad. En mis clases intento que los estudiantes comprendan que publicar significa asumir una responsabilidad. Una responsabilidad ante los demás y ante uno mismo. Tenemos una identidad analógica y una identidad digital. Tenemos una reputación analógica y una reputación digital. La autoría no consiste solamente en poner nuestro nombre al final de un texto. Demanda de una clara responsabilidad. Esta lección es fundamental para periodistas y comunicadores, pero también para cualquier ciudadano que tenga un teléfono móvil.

¿Cuáles son los tres desafíos del nuevo escenario educativo?

Señalaría tres: pensamiento crítico, inteligencia artificial y valores. El primero es conseguir que los estudiantes mantengan la capacidad de pensar, preguntar y dudar en un entorno que ofrece respuestas inmediatas. El segundo consiste en integrar la inteligencia artificial sin convertirla en un atajo cognitivo. Debemos aprender a trabajar con ella, pero también saber cuándo apartarla. Yo lo resumo en tres movimientos: pensar con la IA, pensar sobre la IA y ser capaces, cuando sea necesario, de pensar sin ella. El tercero son los valores.

Podemos disponer de estudiantes extraordinariamente competentes tecnológicamente, pero la educación habrá fracasado si no hemos trabajado también la empatía, la responsabilidad, la solidaridad, el respeto, la sostenibilidad o la convivencia. Una herramienta puede enseñarnos cómo hacer algo; la educación debe ayudarnos también a preguntarnos para qué y al servicio de quién. Los valores y la educación en valores se tornan, más que nunca, territorios decisivos para construir profesionales éticos, críticos y comprometidos con un mundo mejor.

¿Qué aspectos debería trabajar un buen docente en un aula hoy día?

La curiosidad y la creatividad son elementos clave. Y creo que viajan unidos. Un buen profesor no debería aspirar únicamente a que sus estudiantes recuerden contenidos. Yo intento siempre que salgan del aula con muchas dudas. Es decir, trato que anhelen saber más y más y más. El pensamiento crítico es otro elemento decisivo. Esto significa que nos toca aprender y enseñar a preguntar, contrastar y argumentar. A todo lo anterior se une la creatividad. En un mundo IA, esta palabra se convierte en uno de los pocos baluartes humanos que nos quedan. Hemos de convertir nuestras aulas en espacios donde imaginar soluciones diferentes para problemas nuevos. Y, necesariamente, valores: respeto, escucha, empatía, cooperación, responsabilidad y compromiso con los demás.

Intento trasladar todo ello a mi propia docencia mediante proyectos, retos, creación de contenidos, debates y experiencias fuera del aula. Me interesa especialmente conectar a los estudiantes con problemas reales, con profesionales y con otras culturas y territorios. El viaje, por ejemplo, puede convertirse en una extraordinaria metodología educativa porque obliga a mirar, escuchar, adaptarse y encontrarse con quien es diferente. La educación sucede en un aula, pero también en una redacción, en una calle, en un bosque, en un mercado o conversando con alguien que contempla el mundo de una manera completamente diferente a la nuestra. El viaje, literal y metafórico, es un instrumento maravilloso para ir, mirar y contar el mundo. Esto es enseñar. Y es también aprender.

 

Entrevista a Santiago Tejedor
Catedrático de Periodismo de la UAB
Por Lluís Claret

25/08/2026


 

Comparte este artículo
Aviso Legal Política de Cookies Política de Privacidad